Las yertas begonias van marcando el sendero

donde la niebla viste entre ubérrima umbría

los ocasos que soñaron los sueños del azafranado cenit.

Allá a lo lejos al final de la trocha

crece adusta la manigua,

crece el viento y la lluvia

entre manglares y cocoteros.

Y mientras las gotas de hoja en hoja van en fuga

las lápidas de las nubes van exhumando

tu concierto

entre funerales de luna.

Ya casi es media noche, el filo de la vida se escurre,

como un timón de tinieblas que beben de un manantial de dudas.

Las tumbas están llenas de poetas, de sonrisas,

de viudas buscando entre las flores la lumbre,

el calor que no anegaron las prisas,

los lechos de los amantes de ocasión,

primero pensar en agonizar,

luego ayudadme a irme al más allá.

 

ROGERVAN RUBATTINO ©

 

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