Aviatrices

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Los Cielos de Catania

Volé sobre los cielos de Catania y pensaba en ella sin darme cuenta del cenit, de la risa del viento depurándose en mis motores, en el acero sonriendo al sol bajo un rocío adulador.
Volé para no pensar, ni sentir esa brisa artificial conmoviendo los pétalos metálicos de mi fuselaje, y rebasar los meridianos en silencio como, si en medio bosque de cirros, se borrara mi memoria para siempre.

Allende en las alturas se divisa el mar como una alfombra minúscula llena de estrellas parcas, los tonos del azul de hacen infinitos y el sonido de los controles se confunde con la respiración agitada.

-Me pareció pues dibujar sus sienes con un barrido tenue de cizalladuras-
Sí, ella estaba otra vez allí, convirtiéndome en un pulso atónito del horizonte, desfragmentándome en destellos de cielo, hechos de raudos jirones. Inconmovible.
Volé pues para evitar el cadmio, las cadencias del aire, en una eternidad sin lámparas de vapor de mercurio…