La Armadura de Nemegt (Fragmento, Cuentos de Espanto, de Muerte y de Insania)

La Armadura de Nemegt (Fragmento, Cuentos de Espanto, de Muerte y de Insania)

El aprendiz de paleontólogo Bernardo Ramírez había falseado documentación para poder ser el único aspirante elegible de ser el ayudante del prestigioso Doctor Alonso Rioseco. Hombre habilidoso y manipulador, también era un empedernido jugador de cartas y dados, lo mismo que un obseso de las leyendas antiguas.

 

En cambio, Rioseco era un idealista consumado en su carrera y en su trabajo, rozaba ya la jubilación y no había encontrado un sucesor más brillante que Bernardo, quien a buena cuenta había falseado todos sus méritos y sobornado a cuanta autoridad mediase en la selección con tal de no tener competencia a la plaza.

 

Por fin logró el facineroso su cometido, cuando fue anunciado por el Doctor que cerraría sus investigaciones de campo desplazándose al desierto de Gobi, en Mongolia.

 

Todo este rollo de la postrera aventura arqueológica del endeble y casi octogenario Rioseco era un mal menor para Ramírez, cuyo fin era hacerse con la subvención que el gobierno chileno invertía en las investigaciones de aquel y que representaba fuertes sumas de dinero, que a su juicio eran desperdiciadas en el nombre de la ciencia.

 

Para continuar maquillando sus intenciones, el joven aspirante aceptó a regañadientes acompañar al Doctor hasta la formación de Nemegt, un remoto sitio geológico consistente en sedimentos del canal de un río; un natural contenedor de fósiles de peces, tortugas, cocodrilos, pájaros y de una fauna diversa de dinosaurios.

 

Se aproximaba con evidencia científica cierta, que en aquel paraje existía un bosque (hace millones de años) cuyo clima húmedo albergaba interesantes especies de animales extintos y maravillas y misterios de la naturaleza al alcance de quien con la suficiente experticia fuese capaz de descubrirlos.

 

Rioseco y Ramírez llegaron por fin junto a una expedición que había llegado hasta allí recorriendo los Urales, mientras ellos atravesaron Pakistán y la Cuenca de Tarim para alcanzar Mongolia.

 

El joven Bernardo estaba convencido de que el enclenque Rioseco moriría en el viaje debido a las extremas condiciones necesarias para llegar a Nemegt en la época del año que planificaron el viaje y sobre todo a su edad. Él, montañista y aventurero experimentado, había alcanzado la cima del Himalaya más de una vez y acompañado a vulcanólogos a sus expediciones a todo lo largo y ancho del mundo.

 

Bernardo no tenía modestia, ni humildad, se ufanaba de sus logros a la menor oportunidad, y era un tipo que caía mal por esta petulancia suya, que por otro lado no tenía parangón ni se le podía negar.

Lo que no conseguía en la realidad lo alcanzaba en su fantasía, falseando y falsificando lo que hiciera falta con tal de ser siempre el número uno.

ROGERVAN RUBATTINO ©

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