El Almíbar del Carbúnculo

El Almíbar del Carbúnculo

 

 

La musa o la doncella,

la mujer o la estrella que preñada de luz busca una cueva,

una saeta refulgente y siniestra donde incinerar sus nidos.

Su almíbar alimenta a los justos y a los dioses ocultos que se pierden en la ciudadela,

como puntos de ola y espuma, como esloras, escaleras y alumbre.

 

El Carbúnculo va marcando las horas en una desconocida tierra, donde mueren los poetas,

seducidos por un bosque suicida,

Ateridos a la piel de una antigua Minerva.

 

Trucos de oquedad y diamantes, de los que hace el hombre con sus pactos, mientras el almíbar de las hadas va marcando,

los ejércitos de hormigas traslucidas, que van buscando mil refugios de avidez entre sus piernas.

 

No existe un sencillo clamor, no existe una sombra sin sendero, en aquella amurallada condena maltrecha,

donde no habla el trovador de su endecha, donde no vuela el faisán sobrevolando las brechas,

de los campos de campánulas florecidas.

 

Y ese néctar que emana de la fuente de tu vida, y ese zumo de azúcar espeso y tembloroso, se hace infinito y gotea,

colmando las bocas,

las gargantas y esófagos de las hordas sedientas de tu humanidad.

 

ROGERVAN RUBATTINO ©

 

Rogervan, on in Entradas Diarias, Inspiration, psychopoets

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