Azul de eternidades efímeras

Azul de eternidades efímeras

Cuando pasa el tiempo el tiempo va con sus penachos de magenta,

como cuando te conocí en la hacienda,

con tus sonrisas de cal y de arena.

Éramos muy pequeños para imaginar las nubes,

dibujábamos brisas y centellas en la tierra,

soñando alguna vez ser personas o sombras en un cuadro surrealista.

Cuando pasa el tiempo uno no tiene la culpa,

de nada de lo que no pudo hacer o decir,

porque aunque lo hayamos querido hacer

ese azul de eternidades se difumina

como una solución de horas en ramilletes de encinas.

 

Éramos jóvenes para presentir que criábamos exilios,

con nuestras manos agarradas a la nada, y con nuestros sueños insipientes a mansedumbre.

Quizás solo fueron noches sin lluvia o días sin destellos llenos de luna.

Como cuando te conocí entre la muchedumbre,

con tu sonrisa llena de ardores de furia.

Cuando pasa el tiempo ya dejamos de estar para ser

el mendrugo de los ojos sedientos, el murmullo que se quedó sin aliento

en las filas del cierzo ignoto.

 

Yo fui a tientas un dominé

un cantante refugiado en tus notas rotas y potentes,

una especie de solución al presente,

ataviada de porvenir y de pasado…

 

Y es que éramos mayores, y ya lo que recorrimos, con paciencia o distonía, fue el fruto agreste de la tierna ironía.

Rogervan, on in Entradas Diarias, Inspiration, Los Elegidos, psychopoets

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