AMAZONITAS (Fragmento, Cuentos de Espanto, de Muerte y de Insania)

AMAZONITAS (Fragmento, Cuentos de Espanto, de Muerte y de Insania)

Manuel Arcángel de Los Andes era un orfebre que había alcanzado la miseria, arruinando la fortuna familiar por su mala cabeza para los negocios.

Obsesionado por recuperar el bienestar económico que un día tuvo su familia, se embarcó en un viaje hacia la selva colombiana, con el fin de obtener unas reliquias de dudosa procedencia.

A la Serranía de Chiribiquete fue a dar con sus ambiciosas expectativas. Dicha región se encuentra entre los departamentos de Guaviare y Caquetá, en la zona amazónica colombiana, su intrincado acceso y lo recóndito de sus confines era el emplazamiento idóneo para todo tipo de negocio advenedizo.

Paula, su mujer, le insistió que no gastara lo último que tenían en esa locura, que todo era una estafa y esas historias de reliquias carijonas[1] no eran más que un bulo para sacarle hasta el último quinto.

Ciertamente la situación del orfebre y su familia era desesperada, pronto le embargarían hasta su vivienda habitual, de modo que empezó a creer en cosas que solo creen aquellos que se encuentran en situaciones límite.

Así que desoyendo todas las suplicas de su esposa, se fue, y por fin llegó a los ocho días a una comunidad aborigen poblada por un grupo conocido como los Uitotos.

Allí se reunió con su guía Fulgencio, quien tendría la tarea de adentrarle en la Serranía hasta que llegaran donde se supone se reuniría con el mercader.

Fulgencio, hombre de más de medio siglo de edad, curtido en la selva y en sus misterios y avatares, avanzaba entre la maleza con su machete abriéndose paso desenfadadamente.

Manuel que observaba su destreza iba más a trompicones que andando, como si fuera él mismo un obstáculo peor que la selva en sí. Fulgencio se reía de aquel ingenuo citadino en sus adentros.

Luego de avanzar una hora se sentó exhausto, pidiendo a su guía un descanso, a lo que este respondió con una sonora carcajada. Entonces Fulgencio con destreza guardó el machete y le dijo con voz áspera y fuerte:

-A este paso nos comerán los mosquitos. Tiene que decidir. Si seguimos por aquí llegaremos mañana a su paso, o podemos llegar de noche yendo por allá – Afirmó el guía con contundencia; y entonces, sacudiéndose el sudor con un gesto de desfallecimiento Manuel Arcángel respondió:

– ¿Qué hay por el camino más corto? –

-Hay un cementerio Huaque- Farfulló Fulgencio con desdén, mientras su rostro se transformaba en mueca, como si supiera que aquel inútil que le pagaba la travesía le daría igual profanar un camposanto indígena con tal de ahorrarse sus alientos y no molestarse.

-Yo le acompaño hasta allí, usted lo atraviesa y luego llegará a su destino-, Dijo Fulgencio determinado, y añadiendo:

-Por lo que paga usted no voy a ir por allí- Sentenció decidido el guía.

– ¿No ha cruzado usted nunca el cementerio?

– Nadie ha pasado por allí en muchos años, de hecho, no conozco a nadie que lo haya hecho y ya tengo una edad. Aquí somos muy respetuosos de esas vainas.

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ROGERVAN RUBATTINO ©

 

[1] CarijonaKoto o Huaque es un pueblo indígena, que habitó hasta el siglo XIX en el bajo Yarí (Caquetá, Colombia), en las inmediaciones de la serranía del Iguaje (cuenca del río Mesay, ríos Cuñaré y Amú y laguna Tunaima).

Rogervan, on in Cuentos

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